El Caso Bertero y la Simiente de la Serpiente: Cuando los Cristianos Abandonaron el Territorio

El Caso Bertero y la Simiente de la Serpiente: Cuando los Cristianos Abandonaron el Territorio

No es un nombramiento más

Esta semana, el Congreso argentino confirmó la designación de María Paz Bertero como Defensora de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes.
Detrás de lo que parece un simple trámite administrativo se esconde algo mucho más profundo: una evidencia viva de cómo el sistema político corrompido —la simiente de la serpiente— ha tomado posiciones estratégicas dentro del Estado.

Bertero no es una desconocida. Es abogada, activista feminista, promotora del aborto legal y de la Educación Sexual Integral (ESI) con enfoque de diversidad. Fue funcionaria cercana a Axel Kicillof y militante en espacios donde se enseñaba que el patriarcado debía ser “desmantelado” incluso dentro de las familias.
Y sin embargo, ahora dirigirá el organismo encargado de proteger a nuestros niños.

La paradoja es tan brutal como clara: una promotora del aborto convertida en “defensora de la infancia”.
Y lo peor: llegó ahí con votos de casi todo el arco político, incluso sectores opositores.

Más de 250 organizaciones civiles denunciaron la falta de transparencia del proceso, las irregularidades en el concurso público y el reparto político entre bloques. Pero la maquinaria siguió adelante.
El mensaje es evidente: el sistema se protege a sí mismo, no a los niños.

 

El caso Bertero: evidencia del sistema

Los datos son claros y públicos.
El concurso que debía garantizar imparcialidad fue manipulado.
Se definieron criterios de evaluación recién al final, no se publicaron resultados a tiempo y se “negociaron” nombres de adjuntos junto con el de la titular para obtener votos en la comisión.
Todo cocinado de antemano.

En palabras del Diputado, Nicolás Mayoraz“Ya tenían el nombre puesto, todo lo demás fue una farsa.”
Y así fue.

Con apoyo de peronistas, radicales y hasta una diputada del PRO, la oposición logró imponer su candidata: una abogada que considera al aborto un “derecho humano” y que se formó bajo el feminismo radical de Simone de Beauvoir.
El sistema celebra: colocó una pieza ideológica más en el tablero estatal.
El Estado —que debía proteger la niñez— ahora defiende una visión que niega el derecho del niño por nacer.

 

El patrón oculto: la simiente de la serpiente en la política

La Biblia nos advierte desde el principio:

“Pondré enemistad entre tu simiente y la simiente de la mujer.” (Génesis 3:15)

Este conflicto no es simbólico: es real, histórico y cultural.
La simiente de la serpiente opera a través de sistemas, ideologías y estructuras que buscan distorsionar la verdad, destruir la inocencia y desintegrar la familia.

Y el poder político —corrompido por el relativismo moral y el globalismo sin rostro— se convirtió en su campo de acción.
Las leyes, los cargos, los ministerios y ahora incluso los defensores de los niños, son utilizados como herramientas para imponer una nueva moralidad ajena a Dios.

Lo que estamos viendo en Argentina no es un accidente: es la colonización ideológica del Estado por la simiente anticristiana.

 

El engaño interno: cuando la Iglesia renunció al territorio

Durante años, desde nuestros propios púlpitos, se predicó una falsa neutralidad:

“La política no es de Dios.”
“No te metas, porque el fin está cerca.”
“Dios se encargará de todo.”

Y mientras los cristianos se retiraban de los lugares de decisión, la serpiente avanzaba sin resistencia.
El enemigo no tomó el poder porque fue más fuerte: lo tomó porque nosotros lo abandonamos.

Mientras orábamos solo por prosperidad, otros oraban por influencia.
Mientras discutíamos teología, otros escribían leyes.
Y mientras llenábamos altares pidiendo favores, ellos llenaban despachos conquistando territorios.

El resultado está a la vista: una generación sin dirección espiritual, un Estado infiltrado por ideología, y una Iglesia que perdió su voz profética.

 

Los hijos como campo de batalla

Nada de esto es casualidad.
El enemigo apunta donde más duele: los niños.

Hoy vemos cómo se normaliza el adoctrinamiento en las aulas, la sexualización temprana, la redefinición del género, y la negación del rol de los padres.
Todo esto respaldado por políticas públicas impulsadas por los mismos nombres que ahora ocupan cargos clave.

Nos quieren convencer de que “educar” es su tarea y no la de las familias.
Nos quieren imponer que hablar de Dios en la escuela es adoctrinamiento, pero enseñar ideología de género es libertad.

Por eso decimos con fuerza:

¡No con nuestros hijos, no con nuestros nietos, no con nadie!
Porque el futuro no se negocia, se defiende.

 

Levantarse y resistir

Ya no basta con indignarse.
Es hora de levantarse, formarse y actuar.
La política no es del diablo, es del Reino —si el Reino se levanta.

Dios no nos llamó a escondernos en los templos, sino a ocupar las puertas de la ciudad.
Porque cuando los justos gobiernan, el pueblo se alegra (Proverbios 29:2).
Pero cuando callan, los corruptos legislan.

No nacimos para ser espectadores, sino embajadores.
Y este es el tiempo de despertar del letargo espiritual.
De poner fin al silencio cómodo y levantar una generación que entienda que orar sin actuar es resignar.

Que no vinimos a pedir favores al altar, sino a servir al Dios que nos envió a transformar la nación.

 

Conclusión: 

Argentina está en un punto de quiebre.
Los hijos de la serpiente ya ocuparon sus lugares.
Pero todavía hay tiempo para que los hijos de la promesa se levanten.

No será fácil, pero será glorioso.
El mismo Espíritu que despertó a los profetas está despertando a la Iglesia argentina.
No para temer, sino para resistir.
No para esconderse, sino para gobernar con justicia y verdad.

Porque el Reino de Dios no retrocede.
Y mientras haya un solo cristiano dispuesto a decir “¡Basta!”, la historia todavía puede cambiar.

 

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